Alcanzando la envidia de aquellos que recién se aventuran en la terrible adolescencia y el respeto de esos que ya la superaron hace ya bastante tiempo, festejo mi cumpleaños de dieciocho. Me preguntan qué se siente, y yo respondo, bueno, es igual que ayer, sólo que ahora no sólo iré a votar por gusto (es un derecho, ¿vio?) y los romances con grandes diferencias de edad pierden un poco la gracia de lo prohibido. Cuando camino por la calle, cuando escucho la Elegía de Grieg, cuando contemplo una escultura extraña, suelo olvidarme de todo eso que me determina, incluyendo la edad; como mi día de hoy tuvo un poco de esto y un poco de aquello, tampoco estuve muy pendiente de lo que significa otro aniversario de haber nacido.Sea como sea, es mi cumpleaños, y esta entrada es un regalo a mí misma. Me quiero recordar a un par de franceses que nada tienen que ver entre ellos, pero sin embargo, ¿no se complementan estas dos obras, como si hubieran sido hechas para ser apreciadas la una junto a la otra simultáneamente? ¿no atenúa la dulce guitarra las palabras tan agrias de un poema maldito? La sarabanda, de Francis Poulenc (dirección URL seguido), y "Transposición, control" de Michel Houellebecq (mi adorado Michel Houellebecq).






